LMA

Lo que dicen los nombres: leer el idioma más antiguo del mapa

Lanzarote · 3 min de lectura

Mira el mapa y estarás leyendo el texto más antiguo que sobrevive de la isla. Timanfaya, Tinajo, Tahíche, Guatiza, Yaiza, Órzola, Zonzamas, Guanapay: aquí estas palabras son más antiguas que el castellano; son el eco de la lengua de los majos, los primeros pobladores de la isla, prima de las hablas bereberes del norte de África. Los comienzos en Tin-/Te- (Timanfaya, Teguise, Tinajo) llevan una marca bereber de lugar que viene a significar «lugar de». Algunos nombres esconden personas: Teguise fue una princesa, hija del último rey majo; Zonzamas, un rey; Yaiza, dice la tradición, nombre de muchacha. Otros llegaron después, en los barcos de los conquistadores: el jable viene del francés sable, «arena»; Rubicón, de las ambiciones latinas de los conquistadores. Cada señal de carretera es un fósil. Este card te enseña a leer unos cuantos.

Cuando la lengua de los majos se calló en las generaciones posteriores a la conquista, no desapareció: se fosilizó en el paisaje. Los lingüistas peinan estos topónimos como los geólogos leen los estratos, comparándolos con las lenguas amazigh (bereberes) que aún se hablan por todo el norte de África, y el parentesco es inconfundible: los mismos prefijos, las mismas estructuras, conservados en una isla que pasó dos mil años aislada.

Empecemos por el famoso. Timanfaya, el nombre de las montañas del fuego, es anterior a las erupciones que lo hicieron mundialmente célebre: nombraba una aldea que la lava de la década de 1730 sepultó. Su ti- inicial es el clásico marcador femenino de lugar bereber; el significado exacto de la raíz se discute (las propuestas van desde nombres de persona hasta términos descriptivos), y los cards honrados lo dicen: lo seguro es que la palabra vio suceder la catástrofe y la sobrevivió, que es más de lo que consiguió la aldea. El mismo patrón inicial desfila por todo el mapa: Tinajo, Tahíche, Tías (este en realidad castellano —«las tías», por dos señoras muy respetadas de la primera colonia—: aviso de que no todo lo que parece antiguo es aborigen), Teseguite, Tenésera.

Vienen luego los nombres reales. Teguise, la elegante vieja capital, recuerda a la princesa Teguise, hija de Guadarfía, el último rey de los majos: se casó (el verbo cortés de las crónicas) con Maciot de Béthencourt, sobrino del conquistador, y la nueva capital tomó su nombre; todo el trauma y toda la transacción de la conquista comprimidos en una palabra sobre un cartel. Zonzamas, el gran yacimiento arqueológico, lleva el nombre de un rey que reinó antes que los europeos; Guanapay, el volcán coronado por el castillo de Teguise, y Guardilama y Guatisea, en la zona del vino, mantienen otras palabras majas en el horizonte. Yaiza, el pueblo blanco de postal del sur, se lee tradicionalmente como nombre de muchacha maja: solo el sonido ya lo defiende.

Los estratos más nuevos cuentan sus propias historias. El jable, el pasillo de arena, es el sable del francés normando, soltado por las tripulaciones normandas de Jean de Béthencourt en 1402 y nunca recogido de vuelta: un préstamo francés varado en el castellano durante seis siglos. Rubicón, el primer asentamiento de los conquistadores en el sur, es su educación clásica asomando: el río de César, cruzado a propósito. Arrecife es castellano llano, por el puerto de rocas; a La Graciosa la bautizaron así unos marinos que evidentemente lo decían en serio; y de Alegranza —«alegría»— se cuenta que recoge el ánimo de la expedición al avistar tierra por primera vez.

Epílogo práctico: pronuncia los nombres aborígenes con vocales abiertas y parejas, sin comerte ninguna —Ti-man-fa-ya, Gua-ti-sa— y la gente de aquí lo notará. Y la próxima vez que conduzcas de Tahíche a Guatiza cruzando el jable rumbo a Timanfaya, fíjate en lo que estás haciendo: hablar cuatro idiomas y veinte siglos en una sola frase sobre cómo llegar.

Descubre Lanzarote con LMA

Más historias

Una isla esculpida por la naturalezaBlanco, verde y volcánico: la arquitectura de LanzaroteCésar Manrique: el artista que dio forma a una islaUn océano de aventurasLa vida bajo las olasMil años de historiasEl Sabor de un VolcánUna Playa para Cada Estado de ÁnimoVino Cultivado en CenizaLa Isla que Eligió ContenerseLas Personas que Hicieron esta IslaLas Montañas del Fuego600 grados bajo tus zapatosMalpaís, lajial, hornitos: aprende a leer las lavasCultivar sin lluvia: la ingeniería campesina que asombra al mundoEl diablo de Timanfaya y la Virgen que paró la lavaLa cochinilla: el insecto que tiñó de rojo a media EuropaVisitantes ilustres: un palacio regalado entre reyes y la casa que Omar Sharif perdió a las cartasMareas: el océano respira dos veces al díaMás allá del turismo: lo que la isla exportaLa eterna primavera: por qué aquí nunca hace ni frío ni demasiado calorAloe vera: la farmacia verde de la islaLa Graciosa: la octava isla, sin asfalto y sin prisaErmita de las Nieves: lo alto del muro (y el parte meteorológico más antiguo de la isla)Los Ajaches: las viejas montañas grandes escondidas detrás de PapagayoCuando llueve (sí, pasa): el espectáculo más raro de la islaBajo el cielo más oscuro: mirar las estrellas en la isla de los volcanesVino de la ceniza: La Geria y el milagro de la malvasía volcánicaHablar como un conejero: palabritas que te abren la islaTimple, isas y el Rancho de Teguise: la banda sonora de la isla1852: el año en que las islas se quedaron sin aduanas (y por qué tus compras lo siguen notando)La mayor reserva marina de Europa está aquí al ladoCaletón Blanco: arena blanca sobre lava negra (el pequeño Caribe del norte)Playa del Risco: la playa que hay que ganarse (o la mejor caminata guardada de la isla)Los guardianes de la isla: proyectos que la cuidanLeer el océano: banderas, corrientes y bañarse como los de aquíPlan B: el arte del día «de mal tiempo» (manual de uso)Las maletas a La Habana: cuando los conejeros cruzaron el marMás allá de La Graciosa: Alegranza, Montaña Clara y el fin del mundo salvajeArrecife: la capital que salió de un charco (carta de amor)Los charcos naturales: Punta Mujeres, Los Charcones y el arte del charcoPapagayo como es debido: las calas doradas sin las multitudes doradasLa vuelta al norte: palmeras, riscos y la mañana más verde de la islaComer donde atracan los barcos: ruta por los pueblos de pescadoresEl circuito de los atardeceres: cinco maneras de que la isla acabe el díaLa Ciudad Estratificada: el laberinto que talló el viento (y que nadie visita)Donde los astronautas aprenden a pisar otros mundosHijos ilustres: el físico de Einstein, la voz de "El talismán" y el barbero de HaríaEl oro blanco: las salinas que alimentaron a media flotaLa isla que los piratas no dejaban en paz¿Quién vive en la isla (y quién la visita)?El calendario de la isla: un año entero de fiestas y eventos¿Qué es exactamente la calima?Puerto del Carmen: el pueblito pesquero donde empezó todo (y la esquina de los loros)Quince millones de años: la veterana del archipiélagoEl cangrejo ciego: blanco, diminuto y único en el mundoEl jardín colgante de FamaraSan Borondón: la isla que aparece y desapareceSobrevivir sin lluvia: los trucos de las plantas costerasLa mesa de la isla: gofio, mojo y el arte de cocinar sin trampasSurf: El Quemao, Famara y la ola que respetan los campeonesCiclismo: el gimnasio de invierno de los profesionalesLos líquenes y las tabaibas: así vuelve la vida después de un volcánTeguise más allá del mercado: seis siglos en blanco y basaltoEl viento que lo explica (casi) todoMedio volcán, un lago verde y una costa que rugeEl túnel de lava que se mete en el marCriaturas de otro mundo bajo tus piesFinales dulces: quesillo, bienmesabe y el vasito que viene despuésUn río de arena cruza la isla (y no viene del Sáhara)Cuentos del diablo de TimanfayaVela: navegar el mar de los alisios