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El cangrejo ciego: blanco, diminuto y único en el mundo

Lanzarote · 2 min de lectura

El cangrejo ciego: blanco, diminuto y único en el mundo

En un lago subterráneo del norte de la isla vive un animal que no existe en ningún otro lugar del planeta. Se llama jameíto, mide apenas un centímetro, es blanco como el papel y completamente ciego. Sus parientes más cercanos viven en las profundidades del océano, a miles de metros; él, en cambio, habita a unos pasos de la superficie, en las aguas cristalinas de los Jameos del Agua. César Manrique lo convirtió en símbolo del lugar, y hoy es casi el emblema no oficial de la isla. Verlo es fácil: son cientos de puntos blancos brillando en el agua oscura. Protegerlo también: nada de monedas, nada de flashes, nada de tocar el agua.

El jameíto (Munidopsis polymorpha) es, técnicamente, una pequeña langosta ciega. Fue descrito para la ciencia a finales del siglo XIX y desde entonces desconcierta a los biólogos: pertenece a una familia de crustáceos que vive casi siempre en las llanuras abisales, a profundidades enormes, en la oscuridad total del fondo oceánico. Y sin embargo aquí está, a apenas unos metros bajo el nivel del mar, en el lago interior de los Jameos del Agua.

La explicación es el propio túnel volcánico. Cuando el volcán de La Corona formó su enorme tubo de lava, parte quedó inundada por agua marina que se filtra a través de la roca. El resultado es un hábitat rarísimo: agua salada, quieta, transparente y en penumbra perpetua — un trozo de "mar profundo" encajado dentro de una isla. Para el jameíto, ese lago es el universo entero. No hay otra población igual en el mundo.

Su cuerpo cuenta su historia: sin pigmento, porque en la oscuridad los colores no sirven de nada; sin visión funcional, porque los ojos tampoco; con antenas larguísimas que usa para "ver" tocando y oliendo el agua. Se alimenta de las partículas microscópicas que la marea empuja hacia el interior del tubo dos veces al día.

Es también un animal frágil. El cobre de una simple moneda lanzada al lago se oxida y puede envenenar a colonias enteras — por eso está terminantemente prohibido arrojar nada al agua. La luz intensa y el ruido también los estresan. Cuando visites los Jameos, míralo despacio: cientos de puntitos blancos moviéndose sobre la roca negra, como estrellas en un cielo invertido.

César Manrique entendió antes que nadie lo que tenía delante: convirtió al cangrejito en el logotipo de los Jameos del Agua, y su silueta está hoy por toda la isla. Pocos lugares del mundo pueden presumir de algo así: un animal que solo existe aquí, en una cueva, y que cabe en la yema de un dedo.

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