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Surf: El Quemao, Famara y la ola que respetan los campeones

Lanzarote · 3 min de lectura

Surf: El Quemao, Famara y la ola que respetan los campeones

En el pueblo pesquero de La Santa rompe una ola que los profesionales del surf pronuncian con respeto: El Quemao, una izquierda corta, hueca y violenta sobre fondo de lava, apodada "el Pipeline canario". Cuando funciona, se celebra el Quemao Class y vienen cargadores de olas grandes de medio mundo. A veinte minutos, la otra cara de la moneda: la bahía de Famara, cinco kilómetros de arena bajo el risco, la escuela de surf perfecta donde media Europa aprendió a ponerse de pie. Lanzarote surfea desde los años setenta y se nota: hay escuelas, tablas de alquiler y olas para todos los niveles — casi todo el año.

El surf llegó a Lanzarote a comienzos de los años setenta, con los primeros viajeros que descubrieron que esta isla recibe, limpio y ordenado, todo el oleaje que el Atlántico Norte fabrica en invierno. Medio siglo después, la costa noroeste es una de las zonas de olas más respetadas de Europa — los surfistas la llaman, medio en broma medio en serio, "el Hawái europeo" — y la cultura surfera forma parte del paisaje: furgonetas con tablas, neoprenos secándose en las barandillas y una comunidad local que vive mirando el parte de olas.

La joya de la corona rompe frente al pueblo de La Santa. El Quemao es una izquierda (la ola rompe hacia la izquierda vista desde el mar) corta, hueca y contundente, que levanta tubos perfectos sobre un fondo de lava a pocos metros de la orilla. Es una ola de expertos, comparada por los profesionales con las olas de arrecife del Pacífico — de ahí el apodo de Pipeline canario. Cuando el invierno trae el swell adecuado, se activa el Quemao Class, un campeonato por invitación que reúne a especialistas en tubos de varios países; se convoca con pocos días de aviso, cuando el mar decide, y ver a los invitados meterse en esos cilindros de agua desde el paseo del pueblo es espectáculo mayor — y gratuito.

A un cuarto de hora, la bahía de Famara es la otra mitad de la historia. Cinco kilómetros de arena dorada bajo el acantilado, con bancos que rompen suaves y largos: el aula perfecta. Aquí operan la mayoría de las escuelas de la isla, y cada mañana decenas de principiantes de toda Europa celebran su primera ola puesta en pie. Famara tiene además picos para intermedios y, en los extremos de la bahía, olas serias para los que ya saben lo que hacen. El resto del mapa lo completan spots como San Juan, la Caleta de Caballo o las derechas e izquierdas del norte — muchos sobre roca volcánica, es decir: para nivel alto y con conocimiento local.

El bodyboard merece párrafo propio: Lanzarote es potencia histórica de la especialidad, con olas rompientes de fondo de lava hechas a medida y campeones locales que han paseado la isla por el circuito mundial.

Reglas de la casa para que todo fluya: en el agua manda la preferencia (el que está más cerca del pico va primero), los locales conocen cada roca — observa antes de entrar y pregunta en las escuelas —, y el neopreno corto basta casi todo el año. ¿Nunca has surfeado? Famara + dos horas de clase = la sonrisa más barata de tus vacaciones. ¿Surfeas desde hace años? Ya sabes por qué has venido.

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